jueves, 23 de mayo de 2013

Refinados como la plata

Hace ya tiempo un grupo de señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar la Biblia.
Mientras que leían el tercer capítulo de Malaquías, encontraron una expresión notable en el tercer versículo que decía:

"Él purificará... y los refinará como se hace con la plata" (Mal. 3,3).

Una de las señoras propuso visitar un platero y reportarles a las demás lo que él dijera sobre el tema.

Ella fue y sin decir el objeto de su diligencia, pidió al platero que le dijera sobre el proceso de refinar la plata.

Después de que el platero describiera el proceso, ella le preguntó: "Señor, ¿usted se sienta mientras que está en el proceso de la refinación?"

- "Oh, sí señora", contestó el platero; "debo sentarme con el ojo fijo constantemente en el horno, porque si el tiempo necesario para la refinación se excede en el grado más leve, la plata será dañada".

La señora inmediatamente vio la belleza y el consuelo de la expresión: "Él purificará... y los refinará como se hace con la plata"

Dios ve necesario poner a sus hijos en un horno, su ojo es constantemente atento en el trabajo de la purificación, y su sabiduría y amor obran juntos en la mejor manera para nosotros. Nuestras pruebas no vienen al azar, y Él no nos dejará ser probados más allá de lo que podemos sobrellevar.

La señora hizo una pregunta final: "¿Cuándo sabe que el proceso está completo?"

- "Pues es muy sencillo", contestó el platero, "Cuando puedo ver mi propia imagen en la plata, se acaba el proceso de refinación".

sábado, 18 de mayo de 2013

EL CARGADOR DE PIEDRAS

El cargador de piedras
El maestro comentaba a sus discípulos:

- Un hombre que iba por el camino tropezó con una piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba. El peso lo fue encorvando y dejó de mirar el horizonte, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar.

¿Qué piensan ustedes de ese hombre? Pregunta el maestro a sus discípulos.

- Que es un necio -respondió uno de los discípulos-.

- ¿Para qué cargar las piedras con que tropezaba? - dijo otro discípulo-.

Entonces el maestro concluyó:

- Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aún la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo podemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor que poco a poco nos van quitando la vista de nuestro horizonte, o sea de nuestra esperanza. El peso nos encorva y deforma nuestra espalda y con ella nuestra vida y nuestras ilusiones. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro y nuestra esperanza estará siempre a la vista.

Así dijo el sabio maestro, y los discípulos se hicieron el propósito de no cargar nunca el peso del rencor y del resentimiento.