Si yo arrancara de mi corazón todas las raíces de amargura que en él han crecido, y luego plantara semillas de virtud y flores de ternura.
Si yo contara hasta cien antes de abrir la boca cuando estoy enojado, y dejara de ser un cristal al que todo le molesta y por eso todos huyen de mí...
Si yo comprendiera que no siempre tengo la razón, y que los demás tienen el derecho de pensar y hablar lo que crean más conveniente.
Si yo ignorara los errores de los otros, y me convenciera de que es el diálogo lo que arregla los problemas, no las disputas... Y si me pusiera en lugar de mi hermano para comprenderlo mejor....
Entonces, mi mundo sería más hermoso, y los que me rodean estarían contentos, y yo aún más.
viernes, 2 de julio de 2010
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