sábado, 10 de septiembre de 2011

DAME SEÑOR UN HIJO

     Dame, oh Señor, un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuando es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo; un hijo que sea orgulloso e inflexible, en la derrota honrado: humilde y magnánimo en la victoria.  Dame un hijo que sepa conocerte a ti y conocerse a si mismo que es la piedra fundamental de todo conocimiento.  Condúcelo, te lo ruego no por el camino cómodo y fácil... Allí déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan.  Dame un hijo cuyo corazón sea claro cuyos ideales sean altos; que se domine a si mismo antes que pretenda dominar a los demás, que aprenda a reír pero también que sepa llorar, que avance hacia el futuro pero  que nunca olvide el pasado.

     Dale humildad para que pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza.

     Entonces, yo su padre, me atreveré a murmurar: "No he vivido en vano"
Douglas Mc. Arthur

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